martes, 6 de octubre de 2009

Deroga el gobernante de facto el decreto que suspendía las garantías individuales

Ganar tiempo, la estrategia de Micheletti para debilitar a Zelaya
El presidente constitucional insta a firmar el acuerdo de San José

Arturo Cano
Enviado
Tegucigalpa, 5 de octubre. Sin decir que sí, el presidente de facto, Roberto Micheletti, abandona su rotundo no al regreso de Manuel Zelaya a la presidencia de Honduras. Las agencias de noticias internacionales agarran al vuelo una declaración mañanera de Goriletti (“los Goriletti somos los que no le permitimos que pusiera las botas de Venezuela en este país”, le dice a Hugo Chávez”) y cabecean que el gobierno golpista admite la posibilidad de restituir a Zelaya en el poder.

¿Qué dice Micheletti? Exactamente lo siguiente: La restitución es una aspiración del señor Zelaya que habría que escucharla ya con mejores planteamientos, con planteamientos legales, porque no se puede restituir a una persona que está con problemas legales. Y en todo caso tendría que ser la Suprema Corte de Justicia la que tomara esa decisión, ya no corresponde al gobierno.

¿Dónde está la trampa? Donde siempre, en la estrategia de ganar tiempo que ha guiado las acciones de Micheletti desde que, hace 100 días, se hizo del poder a la mala. Según la Constitución hondureña, a finales de este mes, el 29 de octubre, las fuerzas armadas quedan a disposición del Tribunal Superior Electoral (TSE).

En otras palabras, mientras más se alargue el diálogo, menos poderes tendría Zelaya al sentarse de nuevo en la silla.

Este día es, sin duda, de Micheletti: da detalles del diálogo en curso; deroga, con sus ministros, el decreto que suspendía las garantías individuales; se lanza contra Chávez aunque había prometido no volver a hablar de ese loco, y frasea de diez maneras la salida mágica que los golpistas tienen para la crisis de este pequeño país: las elecciones generales del 29 de noviembre.

Desde su refugio en la embajada de Brasil, Manuel Zelaya ofrece entrevistas telefónicas e insiste en la firma de manera inmediata, por ambas partes, del acuerdo de San José en el contexto jurídico nacional e internacional.

Yo para mi casa, Zelaya para no sé dónde

Roberto Micheletti comparece ante las cámaras de Frente a frente, el programa de televisión del Canal 5 donde, en 100 días, no ha habido un solo invitado zelayista (sólo algunas llamadas telefónicas para aclaraciones han sido admitidas). Signo del diálogo obligado o parte de la estrategia, el conductor, Renato Álvarez, invita al menos en tres ocasiones a Zelaya para que este martes comparezca en el mismo espacio.

Es de suponer que Rafael Ferrari (el Emilio Azcárraga hondureño), ya ha negociado con los militares la entrada de sus equipos a la embajada de Brasil, porque hasta ahora el ejército no ha permitido el ingreso de ningún comunicador (varios periodistas permanecen ahí porque se quedaron desde el día que las fuerzas armadas limpiaron de zelayistas los alrededores).

Micheletti tiene largo tiempo para exponer sus puntos sobre el diálogo y hasta para hablar de la pobreza, la educación, y para confesar que no está enamorado de la presidencia, especialmente por la forma en que yo la estoy viviendo.

El presidente de facto revela: Tenemos ya un grupo de hombres que está platicando con otro grupo que pertenece a la resistencia, a la insistencia le llamo yo, porque la resistencia somos nosotros.

El diálogo lleva semana y media, asegura, y creo que vamos por buen camino.

El domingo, en declaraciones a Afp, Zelaya dijo que 90 por ciento ya está resuelto, pero si el restante diez por ciento fuera el obstáculo para el diálogo, habría que tener confianza en los mecanismos de la comunidad internacional, para que siga presionando.

Con el conductor, Micheletti baraja las otras opciones. La tercería es la primera: ni Micheletti ni Zelaya, sino un tercero, pero con la obligación (de ambas partes), de apoyar el proceso electoral.

La condición que pone el presidente de facto para retirarse del poder es que Zelaya no va a provocar ni orientar disturbios de ninguna naturaleza. O sea, nos retiramos, yo para mi casa, él para no sé donde, porque él tiene problemas judiciales.

A pesar de que acaba de sugerir que el regreso de Zelaya es posible, Micheletti insiste una y otra vez en que la salida real son los comicios. Si elegimos al nuevo presidente, de ahí para allá se puede hablar de cualquier escenario, ya con un presidente electo, ya eso es muy difícil de cambiar, pero antes también es muy difícil siquiera de pensarlo (la restitución).

¿Queda resuelto el conflicto esta semana?, pregunta el conductor.

Creo que sí, porque nosotros estamos abiertos, Dios quiera que sí, responde Micheletti, y remata con la encuesta salida quizá de su conexión divina: el 90 por ciento de la población no quiere el retorno de Zelaya.

El organismo inservible y el plato de lentejas

En julio, esta pequeña mujer teñida de rubio impulsó una enmienda para recortar 15 millones de dólares a las aportaciones de su país, Estados Unidos, a la Organización de Estados Americanos (OEA), dado que ese organismo no hace nada por la democracia en el hemisferio occidental. Fue derrotada.

Es la misma congresista cubano-estadunidense, Ileana Ros-Lehtinen, que hoy es recibida con honores por el gobierno de facto. Entra al salón acompañada de Micheletti y otros funcionarios, escoltada por cadetes con uniforme de gala y con un librito en la mano. Antes de hablar, le pide a Micheletti que la ayude a subrayar un párrafo de la Constitución de Honduras.

Diligentes empleados de la presidencia han repartido entre los periodistas una hojita biográfica de la congresista. El segundo dato, después de informar a qué distrito de Florida representa, es que fue obligada a huir con su familia del opresivo régimen comunista de Fidel Castro.

Mucho orgullo, mucho honor, dice sentir Micheletti hacia la legisladora que nos ha traído la información, la esperanza.

La congresista, que viaja acompañada de los hermanos Lincoln y Mario Díaz Balart, también congresistas, lo complace: Lo que yo voy a hacer cuando regrese a Washington es pedir a mis colegas del Congreso y el Senado que vengan a Honduras y que no vean solamente los reportes de CNN y otros canales; que se reúnan con el pueblo.

Ros-Lehtinen critica a su gobierno por cancelar las visas de funcionarios y empresarios, le tira golpes a Chávez y a Zelaya, y apapacha a Micheletti: “algunas personas le dicen the facto government, y yo estoy aquí sentada con el presidente, a mucha honra”.

¿Algunas personas? Sí, todos los gobiernos del mundo y Barack Obama, por ejemplo.

Además de Micheletti, en la mesa con la congresista están el canciller Carlos López Contreras, la viceministra Martha Alvarado y el funcionario Leonardo Villeda, hijo del presidente derrocado por un golpe de Estado en 1963. Villeda es uno de los funcionarios sin visa. Cuando se la quitaron, dijo que en Estados Unidos hay aliados de Chávez que lo son por amor a un plato de lentejas, es decir, el 30 por ciento de petróleo que les llega de Venezuela.

Ahora todos sonríen complacidos, y este miércoles también tendrán risas para los miembros del organismo que no hace nada por la democracia.

Ese día llegan a esta ciudad, según un comunicado del organismo inservible, el secretario general de la OEA; los cancilleres de Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México y Panamá; los ministros de Estado para Relaciones Exteriores de Canadá y Jamaica; los viceministros de Relaciones Exteriores de Guatemala y República Dominicana, y los representantes permanentes ante la OEA de Argentina y Brasil.

¿Será suficiente esa batería pesada? En la resistencia hay dudas: El diálogo puede abortar. Los golpistas se han pasado jugando al gato y al ratón y no sería extraño que reventaran la visita de los cancilleres, dice el diputado Marvin Ponce, del partido Unificación Democrática.

Eso, más o menos, deja ver la invitada de honor de Micheletti, cuando dice que después de hablar con sus amigos hondureños le queda claro que un regreso de Zelaya al poder pondría en peligro la seguridad de Estados Unidos y arriesgaría el futuro de la libertad y la democracia en Honduras y en la región.

El error de expatriar a Zelaya

En su día, Micheletti anuncia un ajuste de cuentas. La semana pasada, en una entrevista con la revista brasileña Veja, dijo que haber expatriado a Zelaya fue un error. Hoy vuelve al asunto en una rueda de prensa: definitivamente es una decisión que tomaron algunos sectores y van a ser castigados de conformidad con la ley.

Los militares deben de estar temblando.

Desde los primeros días posteriores al golpe de Estado, las fuerzas armadas reconocieron haber cometido no un error, como dijo Micheletti, sino un delito.

En una entrevista con el periódico digital salvadoreño El Faro, el coronel Herberth Bayardo Inestroza, asesor jurídico del comando conjunto de las fuerzas armadas, aceptó muy campante que el ejército hondureño cometió un delito al expulsar del país al presidente Zelaya, porque la orden de aprehensión en su contra los obligaba a presentarlo ante las autoridades judiciales.

Si lo hubiéramos dejado acá, ahorita estuviéramos enterrando un montón de gente, justificó.

En la misma entrevista, Bayardo afirmó que la decisión fue tomada por la cúpula militar, que integran: Romeo Vásquez, jefe del Estado Mayor Conjunto; Miguel Angel García Padgett, comandante del ejército (quien según una fuente del gobierno de Zelaya estudió en la Universidad del Ejército de México); el contralmirante Juan Pablo Rodríguez, de la Fuerza Naval, y Luis Javier Prince Suazo, de la fuerza aérea.

Quizá las cosas hayan cambiado, pero tras el golpe Bayardo explicaba que no había ningún temor a la ley entre los militares: Lo que pasa es que ese delito, en el momento en que se conozcan las circunstancias en que se dio, va a haber una justificación y un eximiente que nos va a proteger.

Tal eximiente, sin embargo, no existiría de regresar Zelaya al poder. Decía a principios de julio el coronel Bayardo que de ocurrir tal cosa yo pido la baja y me voy del país, porque nos van a perseguir igual que a los políticos que han estado involucrados en esto.

Un peligro para Honduras

Derogado el decreto que cancelaba las libertades de expresión y reunión, y que dejaba prácticamente sin derechos a los detenidos, la resistencia espera volver con fuerza a las calles.

No será fácil. Lograron su objetivo: dejarnos sin medios de comunicación y meterle miedo a la gente, dice la feminista Gilda Rivera, quien desde hace días, con varias mujeres más, hace valla cerca de los militares, vestida de negro, con una bandera y algunos carteles. Hoy la desalojan antes del medio día, nomás con la amenaza: Les damos 15 minutos.

Este martes, la resistencia tiene programada otra manifestación frente a la embajada de Estados Unidos, y una caminata nocturna con velas por una de las principales avenidas.

Ya sin estado de sitio, el gobierno de facto busca otras vías para golpear a la resistencia. Es el turno de los maestros, uno de los pilares de la batalla contra el golpe de Estado.

Desde hace más de dos meses, el gobierno aprieta con una ruda campaña de medios contra los sindicatos magisteriales que se sumaron a la resistencia (y que antes sólo se movilizaban por demandas gremiales).

El tono lo resume el analista Jorge Illescas en la televisora oficial: Lo que hacen muchos maestros es una infamia, un delito de lesa humanidad.

Los continuos paros magisteriales han puesto en riesgo el ciclo escolar y se discuten fórmulas para recuperar el tiempo perdido.

¿Cuál es la solución del gobierno? Terminar las clases mes y medio antes y promover automáticamente a todos los alumnos al siguiente grado.

Las clases deberían terminar normalmente entre finales de noviembre y principios de diciembre.

La Secretaría de Educación informa que noviembre y diciembre serán de vacaciones y que el ciclo escolar concluirá el 17 de octubre.

La maestra Lissette Miranda toma la llamada de este diario en su aula de escuela nocturna: Nos acaban de informar. Sí, es para desmovilizarnos, y para sacarnos de las escuelas. Ya ve que dicen que somos un peligro para Honduras y para los niños.
DC

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