jueves, 24 de septiembre de 2009

EL REGRESO DE ZELAYA: UNA OPORTUNIDAD PARA EL DIALOGO Y UNA SOLUCION PACTADA DE LA CRISIS

Por Gustavo Irías
22 de septiembre del 2009

El regreso  a Honduras del Presidente  José Manuel Zelaya Rosales el día  21 de septiembre, en calidad de huésped de la Embajada de Brasil en Tegucigalpa, marca una nueva etapa en la crisis política nacional. Además, representa la mejor oportunidad en esta larga crisis de más de 80 días para negociar una salida pactada entre todos los actores involucrados en el conflicto, respaldada por el liderazgo regional brasileño poseído de alta solvencia política y moral en los diversos organismos de integración de Sur América y cercano aliado de la actual Administración de Barak Obama.

No obstante, la respuesta inicial del actual gobierno de facto ha sido instrumentar una mayor escalada represiva contra la amplia oposición política y social al golpe de Estado del 28 de junio. En esta dirección, se ha decretado el Estado de Sitio a nivel nacional y, de nuevo, se han restringido libertades y derechos democráticos básicos como el acceso a la información y a la organización y protesta ciudadana. Los alrededores de la Embajada de Brasil en Tegucigalpa se asemejan a un campo de batalla, totalmente militarizado y con construcciones militares erigidas por las fuerzas de la policía y el ejército, claras evidencias de la acción represiva del Estado hondureño. Las instalaciones de la “Villa Olímpica” en Tegucigalpa y otros sitios del país se han convertido en una especie de campo de concentración, donde se han recluido a centenares de detenidos, que nos recuerda a las viejas y crueles dictaduras de Sur América

Parece ser que los “viejos” especialistas de la guerra fría que asaltaron el poder el 28 de junio han olvidado que, en determinados circunstancias, mayor represión lo que genera es mayor resistencia popular. Particularmente cuando amplios sectores de la sociedad han perdido  el miedo a la represión gubernamental y están convencidos de la causa por la cual luchan, que es lo que ha acontecido con Frente Nacional de Resistencia al Golpe de Estado organizado, forjado y educado en más de 80 días de protestas en las calles en  las principales ciudades de Honduras. En efecto, ante la imposibilidad de agruparse en torno a la Embajada de Brasil y proteger al primer ciudadano de la República, las diferentes organizaciones y ciudadanos de a pie que constituyen la base social de la Resistencia, han comenzado a manifestarse en barrios y colonias levantando barricadas en desafío a la represión gubernamental y desobedeciendo el Estado de Sitio, dando lugar a inéditas formas de insurrección popular pacífica.

Simultáneamente, para Roberto Micheletti y sus principales colaboradores  nada ocurre en Honduras y de nuevo esgrimen su principal argumento del fantasma de la “amenaza chavista” para justificar todas sus acciones.  Es un hecho que han perdido el sentido y contacto con la realidad. Para ellos nada significa que ningún gobierno del mundo los haya reconocido como gobierno legítimo, que todos los organismos internacionales hayan suspendido los flujos de ayuda financiera y técnica, que exista un importante porcentaje de la población que no les otorga ninguna legitimidad y que durante más de 80 días se ha mantenido en desobediencia civil expresando abiertamente su oposición a un gobierno ilegal e ilegitimo. Por ello no resulta nada casual que este gobierno de facto en lugar de estar preparándose para un diálogo nacional que implique el restablecimiento del orden constitucional, esté alistándose para mantener al país entero en Estado de Sitio y cercada militarmente por tiempo indefinido la  Embajada de Brasil.

Pero el sentido de la sensatez debería ser recuperada, la presente crisis política de Honduras no tiene salida si no es a través del diálogo para restablecer el orden constitucional y las condiciones básicas para el funcionamiento de la democracia política. Es el momento para que las iglesias recuperen el prestigio perdido y retomen su rol de mediadores en este gran conflicto nacional; también es la oportunidad para que los más sensatos sectores empresariales comprometidos con el golpe de Estado asuman posiciones coherentes con los intereses nacionales; igualmente es tiempo que los políticos candidatos a Presidente asuman una clara posición en defensa del retorno al orden constitucional.  El  marco para esta solución pactada continúa siendo la propuesta del Plan Arias o Acuerdo de San José, reajustado con los intereses y demandas de un nuevo actor constituido al calor de esta crisis: el Frente Nacional de la Resistencia contra el golpe de Estado.

Hoy en día, Honduras  es una sociedad profundamente dividida en dos tendencias políticas. No puede haber salida sostenible sino es a través de un pacto negociado, con la activa participación de todos los actores estratégicos, que incluya a los sectores en Resistencia y no solo a la elite tradicional, tal como lo ha planteado el Presidente Zelaya. En caso contrario, desgraciadamente la salida a esta crisis estaría apuntando a escenarios militares: un contragolpe de Estado constitucionalista que restablezca en la Presidencia a Zelaya, poco  probable; o bien la intervención de una fuerza multinacional  de las Naciones Unida. En el peor de los casos, continuar con la actual polarización sin salida. Así que desaprovechar el regreso de Zelaya para pactar una salida a la crisis será una especie de suicidio político para la elite dominante tradicional.

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